Y tú, ¿por qué haces lo que haces?

Y tú, ¿por qué haces lo que haces?

Cuando entres a tu trabajo, hazte esta pregunta ¿Por qué hago lo que hago? La importancia de que nuestro trabajo esté alineado con nuestra organización es lo que cambia nuestras emociones. Si estamos alineados compartimos el propósito de nuestra compañía, estaremos motivados porque, además, nos gusta lo que hacemos.

Lo curioso es que, muchas veces, no sabemos cuál es el propósito de nuestra organización, y esto nos genera duda sobre nuestro papel en la misma ¿Qué se espera de mí? El problema es que para la mayoría de estas organizaciones su misión es el dinero, en formato absoluto o bien a través del crecimiento.

Una vez un amigo me dijo ¿A qué se dedica el presidente de CocaCola? ¿Cuál es el reto? Ya te conoce todo el mundo, estás en todos los países, eres rentable… ¿Cuál es el propósito aquí? Si tu misión solo es conseguir vender más, aumentar ingresos o mejorar el valor de la compañía en bolsa, es respetable, pero es difícil encontrar personas que acudan por que se sientan identificados por un propósito así.

Hazte esta pregunta: «¿Por qué hago lo que hago?»

Frederic Laloux hablaba de dividir las organizaciones por colores. Las organizaciones Teal (esmeralda) son las que según él estaban revolucionando el mundo; estas organizaciones tienen tres factores clave: autonomía, autenticidad y propósito. Las ONG que conocemos suelen tener el tercero, un gran propósito. Y pensadlo, Médicos sin Fronteras o Save the Children necesitan el dinero, cuanto más dinero mejor, pero el dinero solo es el combustible para conseguir su propósito. Esa relación hace que las personas que colaboran ayudan casi sin cobrar y a veces jugándose la vida.

El propósito que mueve una organización es muy importante, sin embargo, o no está bien trabajado o es el dinero por lo que no queremos que se sepa. De una manera o de otra es propósito no cala en las personas que nos acompañan en nuestro viaje. “Nuestro propósito es crecer un 30%”. ¿Qué persona ha estudiado informática (leer libros, acudir a eventos, estudiar mucho…) para acabar en una organización cuya misión es crecer un 30%? Al final si el propósito es el dinero, las personas que te acompañarán serán personas cuyo fin solo es el dinero y se irán en cuanto les pague más otra empresa.

Estas últimas semanas he podido ver muchas organizaciones diferentes relacionadas con Agile. Las empresas que menos pagaban eran las que no tenían un propósito ligado ni al dinero ni al crecimiento y curiosamente donde los compañeros desprendían más felicidad. La gente se sentía alineada con lo que su empresa defendía, que en muchos casos era hacer las cosas bien, causar un impacto, llegar a una organización (cliente) y hacerles pensar. Todo esto les llena y hace que corra felicidad por los pasillos. En otras organizaciones lo que corre son las prisas, los nervios, hay que vender como sea y no hay que parar porque sino no crecemos y el comité de dirección se cabrea.

Una vez que le propósito cala y es algo que nos hace superarnos, ser trascendentes es el siguiente paso. ¿Cómo tratamos de acercarnos a ese propósito? Aquí viene el segundo motivo la autoorganización. Si las personas están alineadas no necesitarán de managers que les recuerden compromisos constantemente, ellos saben lo que tienen que hacer y sobretodo por qué lo hacen.

Un ejemplo puede ser este blog, lo creamos con un propósito “enseñar Scrum y Agile a todo el que nos quiera leer”. A partir de ahí, nos organizamos para escribir, revisar temas, componer artículos, corregirnos y publicar. Nadie nos paga y lo hacemos porque nos gusta, porque nos sentimos identificados con el propósito.

En una empresa es igual, si no puedes confiar en las personas que has contratado para que te ayuden en tu propósito sin tener que controlarlas es que no has contratado a las personas adecuadas.

En Scrum funciona igual, el Product Owner debe hacerle ver al resto del equipo el propósito de lo que van a construir. Lo llamamos la Visión del Producto y es algo que muy pocos equipos tienen trabajado. A veces la visión es tan pobre como un “queremos una nueva web para navidad”, una vez más, ningún desarrollador estudió programación para hacer “webs antes de navidad”. Una buena visión debe de estar alineada con la organización y, además, debe explicar cómo ayudamos al mundo a medida que el producto se vaya entregando. Por que no es lo mismo desarrollar que cambiar el mundo, pensar que nuestro trabajo tiene sentido, que detrás de cada “punto y coma” hay un trabajo que ayudará a una persona a hacer mejor una tarea que antes no podía.

Cuando un equipo tiene su visión y se les deja autoorganizarse entonces es cuando empieza a fluir la magia, y puedo decir, que lo he visto y es alucinante. Así que haz este ejercicio si te sirve:

Reúne al equipo en el que trabajas y poneros a definir la visión. No esperéis más, no es perder el tiempo. Si tenemos claro para qué hacemos lo que hacemos podremos tomar decisiones más rápido o gestionar mejor las expectativas con los interesados. La visión nos da luz contra la incertidumbre y por eso es clave.

Por otro lado, si necesitas saber si tu empresa es el sitio donde tienes que estar, haz estas dos preguntas: ¿Por qué hago lo que hago? y ¿Por qué mi organización hace lo que hace? Si llegas a una conclusión compatible, ¡ese es tu sitio!

Javier Martín de Agar